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El mito de la ortiga

Ya su nombre, tanto el vulgar "ortiga" como el científico "Urtica dioica" nos previenen que, según el verbo latino "uro, uris, urere", la picadura de esta planta quema.

Pelos urticantes de la ortiga

La figura de la izquierda muestra una ampliación microscópica de uno de sus pelos urticantes que cubren el tallo y las hojas de la ortiga. Está formado por una protuberancia que presenta en su extremo una fina aguja hueca que no es ni más ni menos que una célula especializada cuya pared es dura y quebradiza como el vidrio a causa de la precipitación de ácido silícico.
Cuando esa aguja se clava en la piel, sus paredes se quiebran e inyectan en la herida el líquido urticante que provoca una reacción alérgica que puede originar molestas ampollas en función de la sensibilidad de cada individuo.
La sabiduría popular dice que si se toca la ortiga aguantando la respiración no se produce la molesta picadura. ¿Pero es esto cierto?
Es evidente que si la aguja se clava, el veneno fluye hacia la herida y no existe ninguna explicación que justifique la creencia popular. Sin embargo yo he realizado la prueba multitud de veces comprobando que realmente no pica.
Pero he de reconocer que, incluso sin saberlo inicialmente, estaba aplicando un truco.
Fijémonos en la disposición de los pelos en el tallo (imagen de la derecha) y en la forma del pelo urticante: están dirigidos hacia arriba. Si tocamos suavemente la ortiga de abajo hacia arriba doblamos la protuberancia y cubrimos con ellas las agujas ponzoñosas de forma que evitamos que se claven en nuestra piel. Por ese motivo si nos sacuden con la planta la picadura se produce igual aunque estemos aguantando la respiración y, del mismo modo, no nos picará si la cogemos con cuidado con movimiento hacia arriba aunque estemos respirando.
Esta es la explicación y no hay otra: incluso cuando desconocía el truco lo que hacía era imitar inconscientemente a quien me lo enseñó, es decir, la tocaba suavemente de abajo hacia arriba.
El veneno inyectado por la ortiga es el ácido fórmico, el mismo que inyecta la picadura de las hormigas. Es el ácido orgánico más simple con la fórmula química COOH. Es el causante de la aparición de ampollas como resultado de la afluencia de los glóbulos blancos (los basófilos liberan histamina que dilata los vasos sanguíneos para facilitar el acceso de los macrófagos y linfocitos que segregan los anticuerpos contra las sustancias tóxica). Es la histamina liberada por los basófilos la que produce las ronchas de la urticaria.
Pero también contiene serotonina y acetilcolina que son las responsables de la sensación de escozor ya que actúan sobre el sistema nervioso.
Existen especies de ortigas, conozco el caso de algunas tropicales, que inyectan una cantidad considerable de ácido fórmica, pudiendo resultar peligrosas ya que el cuerpo humano es capaz de soportar sin problemas riesgo dosis de 5 ppm (partes por mil o gramos por kilogramo de peso); pero 10 ppm son una dosis letal.
Pero lo que si es cierto es que tocándolas bajo el agua no pican porque las sustancias tóxicas se disuelven en el agua y no penetran en la herida al romperse los pelos y que transcurridas 12 horas de la recolección se pierden las propiedades urticantes de los pelos.
Existen varios remedios médicos (antihistamínicos) y naturales para calmar el escozor; pero uno de los más sencillos que se citan es el de frotar la zona afectada con menta (que generalmente podemos encontrar en las proximidades) y, curiosamente, con una infusión de ortigas aplicada en la zona afectada. El hielo aplicado sobre la zona también resulta ser un buen calmante.

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